Hollow Knight: el metroidvania que redefinió el género
Hollow Knight es un reino de insectos olvidado bajo tierra. También es uno de los mejores juegos indie que puedes jugar, y cuesta menos de lo que cuesta un café.
La primera hora de Hollow Knight me desconcertó. No sabía bien a dónde ir, no entendía la historia, y morí tres veces con el mismo enemigo básico.
Seguí jugando. Y en algún momento — no sé exactamente cuándo — el juego me atrapó de una forma que no esperaba.
Hollow Knight es un metroidvania ambientado en Hallownest, un reino subterráneo de insectos en ruinas. Controlas a un pequeño caballero silencioso — sin nombre, sin historia clara — que desciende a explorar lo que queda de ese mundo.
Lo primero que me golpeó fue el arte. Todo está dibujado a mano por un equipo de tres personas en Australia. Los escenarios son oscuros, detallados, melancólicos. Cada zona tiene su paleta, su arquitectura, su atmósfera. Hay lugares en Hallownest que se sienten solos de una forma que pocos juegos logran.
Y eso es intencional.
La historia de Hollow Knight no te la cuentan. La encuentras.
Fragmentos en epitafios. Conversaciones con personajes que saben más de lo que dicen. Descripciones de objetos que apuntan a algo más grande. Hay una narrativa completa ahí abajo, pero tienes que querer encontrarla.
Si eso te frustra, lo entiendo. A mí me tomó tiempo acostumbrarme. Pero cuando las piezas empiezan a encajar — cuando entiendes qué pasó en Hallownest y por qué todo está muerto — el impacto es mayor precisamente porque lo construiste tú.
A mí me llevó semanas. No me arrepiento.
El combate es preciso y exigente. Tu arma principal es una aguja — el Clavo — con la que atacas, rebotas en enemigos y en el aire. La movilidad es parte del combate desde el principio.
Los jefes de Hollow Knight tienen fama. Y la merecen. Algunos te van a tener intentándolo durante veinte minutos. Treinta. Más. Pero cuando los derrotas no es por suerte — es porque aprendiste cada uno de sus movimientos y encontraste el ritmo.
Hay algo casi musical en eso.
El mapa es enorme. No de forma rellena — de forma densa. Cada zona tiene secretos reales, no solo objetos coleccionables escondidos en esquinas. Rutas alternativas. Áreas que solo se abren después de conseguir cierta habilidad. Accesos que requieren que recuerdes un lugar de tres horas antes.
La exploración recompensa la curiosidad. Si algo parece raro, probablemente lo es. Si una pared suena diferente, golpéala.
Tres personas hicieron esto.
Ari Gibson, William Pellen y David Kazi — Team Cherry — financiaron el juego con Kickstarter en 2014, pidieron 35.000 dólares australianos y recibieron más del doble. Lo que entregaron fue un juego de más de 40 horas con una banda sonora de Christopher Larkin que podría sonar en cualquier sala de conciertos.
Y costaba cinco dólares al lanzamiento.
Hoy cuesta más. Sigue valiendo cada centavo.
Hollow Knight no es fácil de recomendar a todos. Es lento al principio, exige paciencia, y hay momentos en que la oscuridad del mundo pesa.
Pero si le das tiempo, Hallownest se convierte en uno de esos lugares que no se olvidan. Un mundo que alguien construyó con cuidado extremo y que se siente — aunque esté hecho de insectos y ruinas — completamente vivo.
Eso no se olvida.
"No dreams. No hope. We found our first inspiration in the deep dark."
Está en PC, Nintendo Switch, PlayStation y Xbox. Si ya jugaste Celeste y buscas lo siguiente, este es el paso natural.
¿Quieres saber cómo tres personas construyeron este mundo? En la próxima entrega hablo del equipo, del Kickstarter, y de lo que tuvieron que sacrificar para terminarlo.